Empecé a tejer en un momento en el que necesitaba parar. Sin un plan ni una idea de negocio perfecta. Solo con las manos y el tiempo, en esta isla volcánica que me enseñó un ritmo más lento y más honesto.
Tejer como forma de vida.
Macraola nace de ahí: del trabajo hecho a mano, de materiales elegidos con conciencia y de piezas que no se repiten — porque tampoco lo hacen las personas que las eligen. Cada creación lleva un pedazo de ese camino.